A la luz del secreto

Eloy Rubio Carro

 

 

‘Las horas vivas’ es el último poemario de Ángel García Alonso, publicado porMarciano Sonoro en sus ‘Poéticas del desencuentro’. Todo parece estar en orden en estos primeros datos, solo que enseguida recordamos que las horas vivas desembocaban en ‘La estancia vacía’ paneriana en las horas muertas. Ángel García Alonso provoca aquí una primera inversión: Las horas vivas tras las horas muertas. No cabe duda que es un poemario vitalista. Por otra parte el sello le viene como anillo al dedo, pues el desencuentro es el lugar de la poesía, lo que va a ser uno de los principales temas de este poemario, además de lo que surja de este merodeo “pour la felicité furtive de la terre des amants”

 
Uno de los temas es el de la vida engarzada en el amor, un sí a la vida producto de un intenso amor en ese instante. Otro tema es el del poema, el de la escritura como estancia vital en el que habría de expresarse la vida. Estos dos temas sufren un encontronazo, en el momento en el que 'el secreto en lo vital' se resista a ser dicho y ser mostrado. Es esa dificultad, precisamente la que hace poema de lo escrito, la que anima y alienta la embestida insistente que se resuelve en cornada al aire…


Tras un comienzo mítico, celestial, en abrazo, que se resuelve en restrallete trisulco en campo de pluma; enseguida en (IV.pag 22) se declara en sintagma corrido, sin respiro, que la escritura no será de verdad poema si no dispone de la complicidad de la amante, una complicidad que se cobija en el secreto: “megustaimaginarcomorecibeslaspalabrasdormidasinsaberlo / comoellasesperanserleídas / conunadetusprimerasmiradasdeldía paraexixtirdeverdad”  (IV. 22). Decir el secreto sería la ruina del poema y la ruina de la vida que cobra en la escritura su perfectibilidad vital y de permanencia.


A pesar de las vivencias propias de los enamorados, aderezadas de estallidos telúricos y labios y caricias -no espadas como labios, no la destrucción o el amor-, es en este lenguaje  de la escritura donde el poeta efectúa la vida, donde la vida se le hace verdadera. Pero el orden de lo inteligible viene de antes, en un reajuste de la propia biografía a partir del fulgor de lo presente, a partir de la felicidad furtiva que ejercitan los amantes; es por último que el lenguaje, en cuanto lenguaje poético terminará por dar vida a una vida que ya habría encontrado un sentido... “Si hablara / no podría decir / lo que digo / cuando callo / tumbado /a lo largo de tus ojos”. Ya tenemos acá esa imposibilidad de decir, de la dicha total. ¿Cómo decir, lo que de ti dice cuando a tu vera calla? Decirlo es traicionarlo, no decirlo es no llegar…Decir el no decir, en esa nube del no saber tal vez sea el poema. La escritura no va a poder con esta inteligibilidad del reposo junto a ti, la poesía no va a poder con esta desmesura vital, no puede ser el cierre vital de lo vital. Pero de eso que calla, esa ausencia misteriosa que se revela ocultándose ¿Cómo entrega ese ocultamiento? ¿Cómo ha podido y de qué modo vivirse?


El poemario transcurre en tres ciudades, Gijón, el espacio telúrico del abrazo originario; Barcelona, un breve tránsito de conocimiento a una ‘vita nuova’ donde trata de recomponer a partir de mínimos las maneras de la amante: “…tu mirada / el sepia de tu infancia”; aunque no siempre lo consigua: “No sé cómo es tu silencio / tu paseo / tu soledad bajo la lluvia” (XVI. Pag 35);  y por último Sevilla donde ese abrazo vital encuentra y justifica la totalidad de lo vivo, presente, pasado y futuro.


En Sevilla se da una nueva luz, una nueva estancia, una ‘solaridad’ que llega a recovecos más hondos. “Hasta el sol echa de menos tu sombra / estás en sus palabras de luz” (XXI. 42). En Sevilla hubo de recomponer el significado de las palabras. Un gesto una mirada capaz de modificar los días, capaz de dar al traste con sentidos desgastados; hubo, ‘hubimos’ de releer de nuevo modo lo escrito, los tuyos y los míos de antes del principio, del tiempo del infierno visionario en la Sibila… He aquí otra vez lo secreto, el momento más viejo que la poesía devana en su silencio. El misterio del silencio en los lugares ignotos, en la paz de esta noche, en el abismo más antiguo: “Intento describir / decía / el efecto sobre el mar de una tormenta”. Imágenes de lo imposible para dar en la imposibilidad de escribir el secreto.


La poesía suele campar fuera de la lógica, sería una locura buscar la perfecta coherencia en un libro de poemas. Este libro es un obrar, un intento de rodar la piedra para dar con ella en la cumbre; por ello aquí el poema tras la caída vuelve a recobrarla. Un antiguo decir encarna un sentido nuevo en la tarde que termina, adquiere nueva potencia para construir un mundo en el que discurriría su deseo común de existir en el secreto. ¿Es un oxímoron este deseo cifrado en el lenguaje, de existir en el secreto? No parece. El lenguaje es vehículo para llevar a esa existencia, pero ya dijimos que el poema ni lo dice ni lo muestra. Y es que el lenguaje poético cuando se atreve a mostrarlo no consigue sino dejarlo oscurecido. 


El deseo de existir dentro del secreto se dice en la palabra, pero se encuentra en otra parte, en un lugar que apunta la palabra; es el ‘Aleph’ del poema. Seguramente esté en el origen y sustento de los poemas de ‘Las horas vivas’, de la palabra y de su instante vital. Por eso ahora hay una estancia, una página en la que desnudarse y purificarse y permanecer a la espera de verse con la amada, y la amada eras tú en raíz de una vida indestructible. Tal vez la insistente operación de mostrar y dejar oculto sea la auténtica seducción de esta escritura.


Poesía que se afana por contar lo que la hace imposible, la existencia dentro del secreto. Esa felicidad, este momento que abraza la totalidad de la vida. Un santo decir ‘sí a la vida’ que diría Nietzsche: “justificando la vida de aquellos / que nos precedieron” (XXII. 43)

 
En mi intento de ayudar a subir la piedra a Ángel García Alonso, a entrar en la vivencia pura, me encuentro siempre con la mediación de la escritura. En la escritura funde sus vivencias, las redondea, es su manera natural de amparo, de seducción y avío; un ámbito que incorpora y ensambla el tiempo de dos, de más, conjugando al tiempo todos los tiempos. Un momento de eternidad, donde lo que se abraza permanece, donde “…los silencios / que hacen temblar al mundo” dictaminan la complicidad del encuentro: “Porque conocemos / el dulce mecanismo del secreto / hablamos juntos / tranquilos / en lo eterno” (XXVII. 50).


El secreto y esta ventana de ‘Las horas vivas’ desde donde atisbar su veladura.

 

 

 

El Llionés maravillado de la poesía de Abel Aparicio

Samuel Yebra Pimentell
 

 

 

Marciano Sonoro es una editorial radicada en San Román de la Vega, que ha despuntado recientemente con dos títulos: 'Astorga Rock, un recorrido por la historia de la música moderna en Astorga', y este libro de Abel Aparicio, 'Alboradas en los zurrones del pastor', que hoy comentamos.

Abel Aparicio. Alboradas en los zurrones del pastor. Marciano Sonoro Ediciones, 2015

 

 

 

 

Si estuviéramos picoteando por Facebook y de pronto viéramos un poema del libro ‘Alboradas en los zurrones del pastor’ de Abel Aparicio, le echaríamos una mirada somera y  le daríamos al ‘me gusta’. Luego, dependiendo de nuestros posicionamientos socio-políticos compartiríamos ese poema o no. Lo cual ya nos dice que es un libro posicionado.


Pero si nos hiciéramos con el libro, veríamos que es más variado de lo que parece. En todo caso si hubiera que adscribir este libro a una corriente poética sería a la de la ‘Línea clara’, cercana a la poesía de la experiencia en su intento de que la comunicación sea inequívoca, pero más alejada de ella en los asuntos que aborda. No cabe duda de que esta manera de concebir el poema renuncia a los modos ‘oscuros’ y de riesgo en los que la poesía aborda el lenguaje (pero esto podría ser otra apariencia).


En ‘Alboradas en los zurrones del pastor’ hay poemas escritos en dos lenguas y el titulado ‘Llingua’ en el cual se dan la mano el Llionés y el Español. A un oído fino, del que presumo tener al menos uno, le suenan de diferente modo los escritos en Llionés. 


Jacqueline Authier, al comentar la sabiduría que atesora el lenguaje hablado, menciona la ‘heterogeneidad constitutiva’ del discurso distinguiéndola de la ‘heterogeneidad mostrada’ del mismo -lo que vendrían a ser los reconocimientos prestados de otros discursos u otros escritos: la citación, el entrecomillado, la atribución de autoría etc-. Es ahí, en lo otro constitutivo de donde emerge mucha poesía (Esa Musa que de la nada no viene). Eso que habla en Abel o en la poesía de Abel, lo hace maravilladamente en Llionés. Ahí acaece su hondón del alma, ahí se tientan los escarceos de pájaro nuevín.


El poemario muestra un transitar por la vida al modo de la trashumancia pastoril, una vida que sale en busca del 'condumio' sabiendo que ha de volver; no obstante durante la itinerancia acuden los recuerdos de los que dejamos. Los primeros poemas de este libro tratan de esa memoria de la vida rural que se abandona, hay un cierto animismo: “Revoltosos copos de nieve / murmuran a las chimeneas”…”Una rueca y un huso hilan cuentos”; pero también la confrontación de dos modos de vida: “Los mayores insisten / en que no todo es tan sencillo como parece”. (Pag 20)

 

 

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Así ‘ Filandón’, ‘Humo’, ‘Magostu’, ‘Pies descalzos’, son poemas que cuentan un modo de hacer que pertenece al pasado, no obsta que estos actos puedan recuperarse hoy en día, pero forman parte de lo otro, de aquello que añoramos y ya no es cotidiano nuestro. Es verdad que viene ahí en nuestra contextura y desde ella ejerce su poder. En ‘Humo’, se reclama el valor de esa tradición que impregna hasta los huesos y que hemos perfumado tanto. En ‘Magostu’ (Pag 22), al cambiar de lengua se produce la metamorfosis, como si  el llionés, en la medida en que las lenguas nos hablan, le susurrara a Abel las cosas de un modo distinto, más abismático y profundo. La obertura del poema es visionaria y tiene que ver con la memoria de un pueblo que se asienta en las leyendas. Ahí se hace explícito el tránsito, el cruce de un umbral que lleva al depósito de la memoria. Ya están listos para la recuperación mediante el ritual del magosto el mundo mágico y el reconocimiento a los antepasados. Por viatico, esa pócima que se fragua “sobre llume copulando”.


En ‘La mía casa’ (Pag 26) canta a La Cepeda como afluente del paraíso. En el poema precedente ‘La sencillez’, se propone una forma de ver el río, de ser el río contapuesta a la visión heraclitiana; aquí no se perdería ni gota, ello exige una educación en la memoria diferente a la actual y un ‘Funes' memorioso capaz de descender o de bañarse de esta manera en el río: ¿El poeta?, ¿él, el Zaratustra? Y entonces acceder al poema por los “sendeiros qu`ayere vestían de camino”. Nada se pierde a esa memoria: los paisajes, las veladas familiares, los ancianos obsequiosos y su fárdela de sabiduría, “La Cepeda afluente del paraíso, la mía casa”.


En el proseguir de este grupo de poemas se da una conciencia herida de que este canto es ya un canto mediador y por ello un canto demediado, “pueblos que son en el recuerdo narrado” (Pag 27), que demandan una sangre nueva para conservar lo que tienen.


El leitmotiv del poemario es el distanciarse del lugar y la nostalgia que genera. Ahonda en la memoria para ir más allá de la memoria biográfica hasta darse de bruces con el ‘Ángel de la historia’: “Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer lo despedazado”.


‘Palabras’ es un poema de inflexión. Luego de haber repasado minuciosamente el territorio de la infancia, reconociendo el valor de cada afecto, de cada entrega, cumple ahora utilizar ese instrumento bien ejercitado de la memoria y aplicárselo a la lengua, mejor dicho al habla. Las palabras son el mejor vehículo para alcanzar aquello reprimido, primero el propio lenguaje y luego lo que este atesore como modo de vida. Es por ello que insista en que la memoria profunda de Abel se halla en los restos de esa lengua de la infancia…

 

 

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Esa memoria recuperada se irá agrandando a lo largo del poemario, va a ir incorporando temas que adolecen del silencio de aquellas palabras de sus abuelos; silencios que al ir creciendo se vuelven ‘#resistenciamineira’ (Pag 46). Luego cambiaron las tornas y ya no fue tan sencillo, ahora son los abuelos los que no entienden y no cejan de preguntar a sus nietos, sin que tengan respuesta adecuada: así es en ‘Entender o no entender’ (Pag 47) o ‘En el hospital’ (Pag48). ‘Mordaza’ (Pag50) es un poema de declaración de intenciones en el cual ‘el poeta dice la verdad’. Influencias de Blas de Otero en ‘Exercitu de tristes’ (Pag 51), una poesía que hoy se carga de presente. 


Recuerdo o parodia de la emigración de los jóvenes, la playa de el Tarajal: una nana a pie de playa para no olvidar la cuenta/cuneta de los muertos; las víctimas de la crisis, las manifestaciones de verde gabán a favor de una educación más igualitaria que la que se proponen ahora. Añadir a estos, varios poemas sobre la ‘Memoria histórica’: ‘Hasta el último’ (Pag 68), ‘Losa’ (Pag 69), ‘Pinceles (en leonés, pag 70), ‘Cunetas (Pag 71) y ‘Siempre la misma historia’ (Pags 72,73).


Recupera el poemario en su avance final, tras una rememoración muy emotiva de la madre en ‘Héroes’ (Pag 79), la vida cotidiana en sus pormenores, el juego de ausencias y presencias de los que se aman y las esperanzas de validar los afectos y proyectos propios en un tono muy personal y biográfico.


‘Por la cañada II’ el último poema del libro, cuenta el regreso del pastor y su rebaño a las “brañas sumergidas en verde”, vuelve cargado ya no solo de alboradas sino también de esa infancia recuperada, de esa memoria que tiene lo diverso para arraigarlo a lo propio, a ese saber profundo de lo originario al que ahora sabrá llegar.

 

 

"Alboradas en los zurrones del pastor" en La nueva Crónica

 

Manuel Cuenya

 

 

 

 

 

Abel con el maestro Ledo Ivo, cuando recibiera el Premio Leteo en León, un premio que ahora, por desgracia, está en peligro. Como toda la cultura en este país, que sólo apuesta por la imbecilidad y tenernos sumidos en la más pura ignorancia, para que los tiburones campen, como siempre, a sus anchas.

 

 

 

 

El joven e inquieto poeta Abel Aparicio, que publicara hace un tiempo ‘Tintero de tierra’, escrito con la sangre y el alma de sus ancestros, vuelve ahora a obsequiarnos un ‘revolucionario’ poemario cuyo título es ‘Alboradas en los zurrones del pastor’, en esta ocasión también compuesto como sólo él sabe hacerlo, mostrándose tal como es, con sinceridad, con verdad: «soy, lo que escribo», dice en su poema ‘Mordaza’.

Abel poetiza, en definitiva, con el espíritu del compromiso con las tradiciones, con lo rural, con aquello que ha marcado su forma de sentir y estar en el mundo como queda reflejado, por ejemplo, en sus poemas ‘Filandón’ o ‘Magostu’. A este respecto, cabe señalar que este libro está conformado por sesenta y tres poemas, once de los cuales están en leonés o ‘llionés’, a modo de homenaje y recuperación de la lengua de nuestros antepasados. No en vano, Abel introduce su poemario con una cita del gran poeta y narrador Julio Llamazares: «Durante mucho tiempo mis antepasados cuidaron sus rebaños en la región donde se espesan el silencio y la retama. / Y no tuvieron otro dios que su existencia ni otra memoria que el olvido». Las raíces familiares, la memoria, incluso la memoria histórica, como motores que impulsan la creatividad de Aparicio, cuya percepción poética está en las trincheras.

Cuenta que el germen de ‘Alboradas en los zurrones del pastor’ se encuentra en la lectura de un libro/viaje ancestral, el recorrido de la Vía de la Plata en bicicleta y la Trasterminancia por la comarca de La Cepeda.

 

 

 

 

Se trata, por tanto, de un viaje trashumante, el que su propio creador realiza desde su lugar de nacimiento, San Román de la Vega, por el mundo adelante, en compañía de un pastor, ‘El Ruso’, paisano y amigo suyo, que figura en la portada de este libro, editado por Marciano Sonoro, un jovencísimo sello editorial, que dirigen los artistas Jesús Palmero y Cristina Pimentel.

A través de este emocionante peregrinaje o viaje iniciático “por la cañada”, Abel nos religa con la Naturaleza, como fuente de sabiduría, porque “el dolor de esta tierra/es mi dolor” a la vez que nos hace tomar conciencia de la importancia de nuestros ‘güelos’, abuelos y abuelas, “heroínas tan cercanas… que tallan poesías/ con cada batalla ganada”. 

La gran broma de César Núñez sobre las ansias de triunfo

José N. Fuertes Celada

 

César Núñez presentaba este miércoles su novela 'El Proyecto Bidón y Los Catalinos' con llenazo en el salón de actos de la Biblioteca Municipal y en el pub Berlín, donde los hijos y nietos de Los Catalinos se subieron al escenario para agasajar a un tipo que va dejando amigos por donde va pasando, de ello dieron fe su 'colega' de peña y otras farras, Enrique Ramos, y su editor el gran Palmerosky de 'Marciano sonoro'. En Astorga Redacción nos hemos encontrado a alguien que ya la ha leído, José N. Fuertes Celada, y que da estas pinceladas para entender el mensaje escrito de César Núñez a quienes habiten la tierra en 2058.
(Las fotos son de la firma de libros en la Biblioteca y de la fiesta posterior en la que César se rodeó de músicos y personajes de la 'vidilla' astorgana que hasta es probable que se crucen sin saberlo entre las líneas de la novela)

 

Hay anhelos juveniles que no se cumplen así que pase toda una vida, como el de ser un cantante de rock a lo Freddie Mercury, ya que “solo hubo uno”. Pero fantaseando, tal vez pudiera darse otro, aunque sea de prestado y ventrílocuo…

 

En un mundo, este nuestro de 2058, la tecnología es de una gran ayuda para mantener a los humanos con vida, para una larga y duplicada vida,  pero esto no la hace buena ni necesariamente deseable. Hay que luchar contra el aburrimiento, contra ese excedente de tiempo que algunos pueden emplear en dar cumplimiento a sus anhelos. Ya hemos dicho que ni en 20 millones de vidas llegaríamos a cantar como Freddie Mercury; y a él le sobró para hacerlo como lo hacía con la vida que tuvo.

 

La tecnología biológica del parque humano que ya está ahí requiere de otra cosa para ser feliz, y esa otra cosa que cumple anhelos y disparata y va más allá, es el milagro. Pero hay que decir que esto solo acaece en una visión occidental, que pretende la desviación del ser humano ahuyentándolo de su ser, domesticándolo en pos de sus anhelos. En esta deviación se encuentra esta novela, que no tiene en cuenta la supresión del anhelo como forma de supervivencia. Pero claro estamos ante una  novela de humor que se da cuenta de la imposibilidad de aquello que más importa y que sin embargo se muere en los laureles de los elixires y de las profecías aunque vengan de Perico Delgado o del de los palotes, y de las pócimas milagrosas y benditas, hibridadas de la pantomima de Lourdes con el agua de la fuente de San Isidro de Carabanchel. ¡Qué pena que el ‘Principio  Esperanza’ no haya dado para más!

La tecnología punta requiere entonces del milagro, de la creencia en el milagro y de lo que se puede conseguir a través de él. La tecnología ayuda con la prolongación de la vida a que el anhelo pueda cumplimentarse, o sufrirse como pena de Sísifo indefinidamente.

 

Todos los personajes de esta novela han sido famosos, pero ya de ancianos siguen insatisfechos. Solo el señor Núñez es el que siempre ha fracasado, un antihéroe insatisfecho en  medio de todos esos héroes patanes. Pero es a causa de ese fracaso y de su cabezonería  que persevera con 89 tacos por aquello que busca. Quiere ser, quiere ser más, quiere tener la voz clara del gorgoteo de los riachuelos que para entonces habrán desaparecido.

 

Es por ello que va a ser el motor del renacer del ex Rey Felipe, 'mí quinto', pues es de su misma añada; Mariano Rajoy, ex presidente del Gobierno; Marivel Verdú, ex actriz y todavía atractiva para Núñez; Perico Delgado ex ciclista,campeón del Tour; y Palmerosky ‘ex-no-sabemos-de-qué’, tal vez artista de instalaciones que en un mundo derrumbado sucumbieron en la polvareda…

Una cosa curiosa y que lleva a la infinitud y a la permanencia, al bucle, a la Banda de Moebius, es que Palmerosky fue el editor de la novela que ahora acaece y que llevó de nuevo a todos al reconocimiento; luego tal vez sea él y no el señor Núñez el artífice de la peripecia, del ‘melting  pot’ milagrero entre Lourdes y Carabanchel.

 

Pero ya digo que en ese mundo de 2058 tan tecnificado, solo el factor humano, y en este caso el divino, salva de la tecnología al milagro para conseguir lo que pretenden.

 

La narración resulta fácil de leer, está hecha con soltura, forma parte de la tan de moda 'autoficción', con múltiples referencias al propio libro, con apartes al lector, y no dejan de ser unos ‘privados’ muy curiosos, seguramente influencia de los ‘chats’ ‘internetianos’ o ‘postinternetianos’; pues el escrito en primera persona se hace confidencial personificando el mensaje.

 

Puede que sea una gran broma acerca de las ansias de triunfo, donde el anhelo de reconocimiento social se convierte en el motor de la vida, en motor del fracaso vital.

 

Esta autoficción podría tacharse de la autoficción de un continuo y esperpéntico fracaso, redimida por la  permanente esperanza, por la apertura que ésta provoca hacia lo imposible, en quien estuviera hasta la hora final muy atento/a.

 

Al final de cada capítulo y son 11 -como el número que da suerte al protagonista, un alter ego de César Núñez-, se incorpora una propuesta de imaginación: De ser una campana qué serías, de ser un pez…, de ser un plumero…, de ser un sombrero…, de ser una corona…, de ser un cuchillo…, de ser un gallo…, de ser una uña…, de ser una bicicleta…, de ser un silencio…, de ser una canción… En todos los casos la imaginación lleva a la música, al Rock and roll o al Pop, son respuestas de un enamorado fetichista de ese tipo de música. Pero cuando se trata de ser una canción, no sería ninguna de las canciones existentes, sino de una canción de extraordinaria belleza, aquella que surge del anhelo, del motor que lleva a los personajes a seguir existiendo, la que construye Núñez, personaje de novela, en su imaginación, para su banda de música, la de los Catalinos, en la que los intérpretes poseen las mejores cualidades de los mejores músicos del Rock and roll que haya habido en la historia. La canción que vendrá. “La de la mejor banda de Rock de tercera edad jamás leída. Uno puede imaginar tantas cosas”.