Prólogo

 

Alejandro Rodríguez Gutiérrez.

Historiador de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica

 

            He aquí la exposición de las investigaciones de Herodoto de Halicarnaso

para que ni los hechos de los hombres con el tiempo queden olvidados

ni las grandes y maravillosas hazañas realizadas así como por griegos

como por bárbaros queden sin gloria, y entre otras cosas,

las causas por las cuales guerrearon entre sí.

Heródoto de Halicarnaso

 

 

            Desde que la historia es Historia, existe la creencia de que esta debe ser escrita por historiadores.Que son los historiadores quienes, desde un punto de vista desideologizado, neutral, sin imbuirse dentro de la misma, han de construir un relato que cuente la verdad de unos hechos que no han vivido, que sólo pueden interpretar con documentos y con lo que le cuentan quienes lo vivieron. Y, aunque en parte esa visión academicista de la Historia tenga su parte lógica, esta podemos adaptarla a la perfección en períodos ya lejanos para el tiempo en que vivimos, ya que en nada afecta a nuestras vidas, a nuestra forma de ser, a nuestros hábitos – al menos así aparenta serlo, ya que todo comportamiento humano tiene su origen, lógicamente, en un pasado más o menos reciente… –. Aunque seamos herederos de la guerra de la Independencia, no hay ningún testimonio que nos cuente, con toda su realidad, cómo los guerrilleros españoles acabaron con cientos de escuadrones del invasor francés. Aunque nuestro ser social esté radicado en las luchas de los campesinos en el siglo XV, ya no hay quien nos relate, de viva voz, que quienes dieron la vida sólo buscaban eliminar el yugo que les oprimía y poder tener una sociedad más justa e igualitaria. Por eso, los historiadores que trabajan en épocas lejanas, tienen la facilidad de no implicarse, de analizar desde el futuro un hecho del pasado que apenas les afecta, que en nada puede alterar su forma de ser o de interpretar ese mismo pasado.

            Sin embargo, los historiadores que trabajamos una historia tan reciente, no podemos – ni debemos – comportarnos como seres asociales, sin implicación alguna con los hechos que nos están relatando. La Historia de la Guerra civil española, aunque la hagan los historiadores, sigue nutriéndose, como fuente natural de conocimiento, de la Memoria de quienes fueron testigos directos de uno de los episodios de oprobio más grandes que han existido en nuestra Historia más reciente. Miles de familias siguen estando hoy desamparadas, sin conocer qué ocurrió con sus seres queridos, dónde se encuentran, manteniendo un proceso de duelo durante prácticamente 80 años que convierte al Estado y a sus Instituciones en mantenedores de un trauma social que sólo se podrá curar con el tiempo. Y quien estudie esta Historia, ha de implicarse con esas familias, con esa memoria que es la de todos, con esas lágrimas de quien te cuenta su vida de miedo, silencio y dolor.

            Como proceso historiográfico, analizando las fuentes documentales de las que disponemos, conocemos que en el municipio de Igüeña existen, al menos, 11 personas desaparecidas, que fueron asesinadas por el simple hecho de tener ideas, de ser parte más o menos activa del conjunto de la sociedad republicana en la zona. Entre ellas, el propio Alcalde, Avelino Díez Pardo, que pudo ser enterrado por sus familiares en el Cementerio de Colinas del Campo. Pero también existen otros lugares de muerte como Brañuelas, Montearenas en Ponferrada, Noceda del Bierzo, etc. donde fueron a parar víctimas inocentes de una violencia inusitada contra la sociedad civil. Y también sabemos que más de 60 personas fueron sometidas a un procedimiento militar que les llevó a padecer años de presidios masificados, infectados de enfermedades, hambre y miseria,… y a los que hay que poner nombre y apellidos, sacar sus historias a la luz.

            La Historia de la Guerra civil se nutre de la Memoria, como fuente natural de conocimiento, decíamos más arriba. Y esto, precisamente, es lo que aporta la maravillosa y necesaria obra de José Álvarez González. Esta Historia local, se convierte, gracias a sus aportaciones, en prácticamente una Historia del Bierzo Alto, tan poco conocida y que tantos protagonistas en la sombra nos ha dejado, tantos héroes anónimos masacrados por defender sus ideas, o por todo lo contrario. Poca información conocíamos, más allá de las fronteras establecidas por la propia memoria, de la historia de Manuel España, o de aquellos segadores que, por ganar un jornal y llevar algo de sustento a casa, se topan con una columna de militares que les obliga a volverse a sus casas. O de experiencias tan sumamente dolorosas como el secuestro y asesinatos de algunas personas, las batidas que los grupos falangistas de Igüeña, Folgoso o Noceda hacían por los pueblos, implantando el miedo y el terror a cada paso que daban. Este tipo de experiencias, esta forma de vida, esta historia de lo cotidiano de la guerra en un lugar tan alejado de los frentes, son relatos necesarios, historias que no conoceríamos los historiadores sin acudir a la memoria, a las fuentes orales, a quienes de verdad padecieron en sus carnes tan traumática experiencia.

            Y también viene a cubrir con luz una de las partes que menos se conocen, por la lejanía que el propio tiempo impone, de cómo el estallido del golpe de Estado y de la Guerra afectan a cualquier persona, a la zona gris de la que hablaba Primo Levi, con un relato prácticamente en primera persona de quienes fueron movilizados, de quienes sin comerlo ni beberlo se vieron envueltos en medio de un fuego y de una lucha que poco o nada les interesaba. El drama de la guerra, que hoy vemos en otros países muy lejos del nuestro, fue algo que marcó la vida de nuestros abuelos, de nuestros padres, de nuestros antepasados, y como tal, hay que conocerla y estudiarla, para que no se vuelva a repetir jamás.

            La obra de José viene a cubrir esas lagunas en la Historia, esas experiencias vividas pero no contadas, ocultas dentro de un manto de silencio y desmemoria que la sociedad española ha padecido desde 1936. La violencia impuesta por la dictadura del General Franco, basada en el miedo a la represión física de quienes tenían la osadía de enfrentarse a los principios del movimiento mal llamado nacional, ha calado de tal manera que todavía hoy son difíciles de contar para muchas personas. De ahí la necesidad de estas Historias, de estos relatos que cubren ese silencio con verdad, con conocimiento. La Historia es necesaria. La Memoria, fundamental.

 

Pardollán. Marzo de 2016