Corrían los años 80, hacia su mitad, mi hermano Ernesto me habla de ‘Kuki’ y de si le puede dejar algunos de los discos de los Ramones.

Corrían los años 80 tan estúpidos y desalmados, llenos de oropel y vacío rellenado de fuegos artificiales. Yo le contesto que si y me quedo pensando: ¿qué es lo que querrán estos ‘mermaos’ saber sobre aquella banda de sonido crudo, rápido y directo y con inluencias de New York Dolls, MC5 y los Stooges?

Corrían los 80 haciendo más ruido que nueces. Confieso que todavía hoy, cuando escucho Do you remember rock and roll radio, me sitúa al lado de los placeres que proporcionan las cosas sencillas de la vida y, sin riesgo a la exageración, a la altura de todo lo que me emociona: los cuatrocientos golpes, Magritte, Foucault, los Flamin Groovies o…Tiemblos

 

Tiemblos

 

Una forma de habitar el silencio. Ascienden telones de terciopelo en el pequeño teatro, donde público y compañía tienen una misma silueta: la tuya. Soledad. Palabra que no deja de temblar. Mirada que sigue sigue sus huellas por el laberinto. Noche. Restos de espuma de mar en los labios. Revolución. Fuego y alcohol para las heridas. Besos como raíces. Senderos de cicatrices. Preguntas eternas de quien nada sabe y busca mundos. Nada. Amor.

 

 

Y conocí a Ángel, y de entre la música y el cine apareció su gesto de poeta cachorro, de Rimbaud a punto de dejar de escribir esperando a tomar de la mano todo aquello que tenía un presagio, y la inocenca que nos hace cómplices de otra inocencia y todas parecidas y separadas por el hilo suave de las historias contadas, me ayudaba a pensar en el diamante en bruto que es la edad temprana y que uno va tallando en bisel cromático hasta convertirlo en caleidoscopio de palabras, en elección dadaista de palabras en saco, en escritura automática que se miente a si misma para hacerse reflexiva y pensada desde el mismo instante de su concepción, en haiuku sin rima:

 

Tres letras

 

Tus ojos tiemblan en los míos

Y en la otra orilla

Ni siquiera es verano

 

Seguí encontrándome con sus intereses que me recordaban a gente de mi generación y sin distancia entre ellos, próximos a la fecunda gramínea del mito y al deambular por autopistas revisitadas tantas veces, a la manera de un ‘flaneur’ posmoderno: ¿qué distancia hay entre generaciones, qué tiempo es el presente y si es diferente al pasado…? Tantas y más son las preguntas que uno llega a hacerse y que Ezra Pound responde por nosotros con más sabiduría: “todas las edades son contemporáneas”.

 

Tiempo después lo redescubrí interpretando un papel en una miniatura, casi un cadáver exquisito, en forma de película, realizada por un artista local hoy en paradero desconocido (dicen que convertido en activista político-iconoclasta de martillo y cortafríos); el personaje se llamaba Estragón, y creo parecía aludir a uno de los dos personajes de ‘Esperando a Godot’, de Samuel Bequet.

 

Me sorprendió esa adolescencia selenita y vagabunda, en la que nos convertimos en muchos personajes para ser uno mismo, esa búsqueda de exhortos infinitos y de ruegos al mundo para que nos conceda una explicación o a lo sumo nos diga cuál es el camino. Supe casi al instante que Ángel era toda esa realización de hechuras y caminos, que subterráneamente a todas sus búsquedas cinéfilas, musicales y posteriormente perodísticas, había un imaginario poético de fuerte calado, de condensación química sobre gelatina de plata y tinta ‘Bic’. Supe también que habitaba parajes cotidianos, que los travestía en planos de damero, que sus metáforas cartografiaban la piel de la vida y el mundo se tornaba en la Icaria de Cabet.

 

Cuando la noche nos deja solos

Para poder ser

Yo veo bailar tus ojos eléctricos

 

Cuando no conocen tu nombre

Para poder blasfemar

Yo veo la luz en tu ventana triste

 

Y vino la música, o “llegaron los húngaros bailando…” como decía en su libro Teoría ese gran poeta al que tanto amamos; tú agarrado al mástil del micro con pose afectada y turbulencia sónica, inmerso en una tempestad de vaivenes inconformistas y acolchadas guitarras, eskatalíticas tocata y fuga en ‘Sarri menor’ y éxito en un estado de ‘confusión’.

 

A veces

Solo algunas veces

El cerebro es la bodega de un barco…

 

Un día en Salamaca como ‘Un día en el circo’ de los Hermanos Marx. Pistolas de agua, tu camiseta de aquella gira de los Stones, botas de cristal llenas de cerveza y neblina cuajada de Hölderlin, mientras se agotaba la tarde como el ronroneo de un gato mecido por las horas. La poesía, tu poesía, habla de lo que de otro modo no se puede decir y que, además, nunca miente. Hacerlo es doloroso y deja sus señas; ‘Poemas y cicatrices’, así bien llamaste a tu libro como taumaturgo cretense dentro del laberinto, taurobolia o cabriola frente al toro de los sueños de una literatura considerada como una tauromaquia, como esa música callada del toreo que decía Bergamín. Pessoa dice que “el poeta es un fingidor, y hasta finge que es dolor, el dolor que en verdad siente”, no deja de armarse de toda la artillería de la ironía para decir lo que siente, para sentir lo que duele, el poeta Ángel García Alonso y su heterónimo Kuki.

 

Escribir un poema

Como rezar a Satán

Envuelto en las espinas falsas

De la maldita civilización

Con su nombre cambiado

Con su búqueda de un sentido

Que no existe

Con su poder podrido

Con su olor a azufre

Con su herida invisible

Por la que caemos

Hacia el dolor la sangre de los otros

 

Y otra vez el dolor sobre la carne de un espíritu quebrado en una tarde de Primavera. Me llamas para contarme que conversas de amistad y de lirios fungibles con una parte del pasado de esta ciudad, Astorga, que tanto ama y tanto odia, ¿será la propia ciudad, será él, seré yo, o quizás todos? Difícil tesitura la del rebaño perdido en el Canto a la Sequeda entre las encinas y cascotes de Castrillo de las Piedras, allí tu a la orilla, como recogiendo los restos de un naufragio en que solo queda una caja de Orfidal. Tengo que agradecerte ese encuentro en el que tú pusiste toda la poesía necesaria para que no se apoderasen de las estancias, las cómodas de nogal desgastado, el aire penetrado…por la sordidez más aterradora: tú si lo conociste y tú si que lo amaste.

 

 

Ahora, presente con futuro, a la estación esta, la más bella de la vida se le une esta exquisita y celebrada edición de tus ‘tiemblos’. Cristina y Jesús Ramón crean un islote de bella factura en cada una de las propuestas futuras, este libro, esta propuesta ya hecha realidad, aúna belleza para los sentidos y profundidades con el placer táctil y objetual de una obra cerrada que ofrece la más pura de las reflexiones de la agitación contemporánea.

 

Ángel, celebro tantas cosas, esta de hoy y este libro es una de ellas y muy significativa; la vida se recorre y no necesariamente caminando por los lados peligrosos. Me permites que finalice con un poema de otro al cual adoramos muchos.

 

Suave como el peligro atravesaste un día

Con tu mano imposible la frágil medianoche

Y tu mano valí mi vida, y muchas vidas

Y tus labios casi mudos decían lo que era el pensamiento

Pasé una noche a ti pegado como a un árbol de vida

Porque eras suave como el peligro

Como el peligro de vivir de nuevo

 

Antonio Martínez Fuertes