Prólogo

Javier Morán, inconformismo y esperanza

 

 

“Ser o no ser”Shakespeariano título para una primera entrega de temas personalísimos, el primero de los cuales –letra y música de Javier Morán Seijas– se titula precisamente así, “Ser o no ser”. El compositor no es John Lenon ni Salvador Dalí, él mismo lo confiesa, ni siquiera el Cid ni Luther King, ni Marco Polo ni Neil Armastrong, pero en la negación – ¿la negación de sí? – se afirma. Eso es; la negación nos autoafirma. Somos uno, nosotros, no siendo lo otro. Pero queremos ser por encima de todo, ante la amenaza del no ser; la otra alternativa, que nos acabará negando. Y mientras se es y se afirma, somos también peregrinos de la vida. Caminantes como don Quijote, Lázaro, el muchacho, o el mismo Zalacaín, seres que nos salieron al encuentro en el peregrinar adolescente, como antes, en la lejana infancia, nos habían salido el lobo y Caperucita y los demás moradores de aquellos territorios de fantasía con que nos dormían los hermanos Grimm. El lobo feroz, en la tranquilizante voz de los más cercanos, antes de volar, con alas leves, por esos cielos inciertos de la vida gritando insurrección. Ícaro perdedor se alza contra el consejo de la prudencia, la voz del padre, y entonces más dura será la caída cuando las alas dejen de sostenerlo. Ícaro se precipita, sin ángel de la guarda. Así llega a ser la vida, el destino que puede hacernos víctimas o culpables camino del banquillo de los acusados, aunque siempre quedará el sueño del inmigrante que abre los ojos ante la gran estatua anunciadora del reino de la libertad. La inmensa, poética metáfora de un mal sueño coronado de luz y de justicia. Sin embargo, cuánta injusticia. Habrá un recuerdo aquí para los Javier Heraud, del Perú, los René Castillo y Nora Paiz guatemaltecos, los Víctor Jara chilenos y los que lloran en aquellas tierras mientras los yndividuos, ebrios de gloria y hartos de triunfos, sin rastro de memoria, niegan a su maestro. Eso es lo que canta Javier Morán en sus canciones plenas de inconformismo, rebeldía y ruptura, en las que también hay un lugar cálido para ese Panero que canta a la Sequeda. Pequeños y humildes cantos para la esperanza.

 

Andrés M. Oria
Astorga y verano, 2016